Esta Vez


Esta vez,

esta vez voy a encontrarme….

 

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A la Orilla


 

Este es una pintura, aún no terminada, que he deseado ir realizando poco a poco. El titulo “A la Orilla” es en alución de Paulo Coelho y su libro “A orillas del río piedra me senté y lloré” una historia de amor como cualquier otra, como bien Paulo Dijo. Una vez que lo terminé les mostraré el resultado final

A la Orilla

Diario de Eliza: 14 Mayo 2008


 

He vomitado todo el día, mi cuerpo está más débil y tengo un poco de fiebre. Es depresión, lo sé. Mi cuerpo reacciona a mi depresión a mi triste depresión. Quiero llorar pero no puedo, quiero cantar y tengo mala voz. Me siento aún más ligera que de costumbre, ya puedo ver mis costillas claramente. Tengo un hueco grande en el estomago y yo sé porque. Pero no quiero decirlo. No quiero decirlo. No quiero decirlo. No quiero decirlo.

 

Si te digo, si tan sólo pensará en decirte ¿qué sería yo entonces? ¿quién sería yo entonces? Además de letras escritas en un papel.

 

Besitos

Eliza

 

Diario de Eliza: 13 Mayo 2008


Han pasado varios días desde la ultima vez que dije algo interesante y a decir verdad no se si lo que ahora voy a decir lo sea. Lo cierto es que alguien murió en mis brazos y murió de una forma poética de una forma en que me hace recordar la primera vez que le quite la vida a alguien. Fue un día, no se cual, fue un día no muy lejano a este. La vi por la calle mientras iba de compras. La vi coqueta, la vi sexual y radiante. No pude evitar seguirla por esos ruidosos pasillos de la ciudad. Su piel blanca, sus ojos vedes, sus manos delicadas y con una cicatriz que apenas si puedes ver, toda ella me embrujo. Quise besarla, quise comerme cada uno de sus labios en besos tiernos y apasionados. Demasiado perfecta, demasiado como para ser malo e insultante para los demás que no son tan hermosos como ella.

 

Fue en la avenida industrial, la vi moviéndose con gracia de entre los estantes de esa muy exclusiva tienda yo aun con mis ingresos no podría pagar lo que ahí dentro se ofrece. Sin embargo, entre a la tienda y toque levemente las telas mientras fije mi mirada en ella, me acerque lo suficiente y percibí ese aroma a vanilla. Su cabello rubio arenoso me pareció casi deslumbrante y perfecto. Entonces, habló. Y cerré los ojos para disfrutar de esa paz que su voz podía transmitir. No recuerdo con exactitud sus palabras, sólo recuerdo que su voz me inundo por dentro, me atraganto de tal belleza que sentí llorar en ese momento.

 

La seguí durante horas, lo sé porque el ocaso podía verse de entre los edificios grises y rojos de la ciudad, los tonos naranjas la hacían verse aún más poderosa de lo que por sí ya se mostraba. Con una gracia para caminar, con unos modales esquistos y una sonrisa permanente. Tanto que sentí asco de su felicidad y al mismo tiempo me sentí fascinada de tal criatura.

 

Llego hasta un edificio lujoso en una zona que yo antes había visitado, por un cliente, la vi entrar en él. Caminamos todo el día y se que de a ratos ella volteaba porque me percibía de alguna manera. ¿será eso posible? Sentir a alguien tan cerca y siendo un extraño, porque yo soy una extraña. Una prostituta que cobra según las horas y las acciones dentro del servicio, soy una inculta y que me baso más en lo sexual que en lo sensual. ¿Podría ella percibir el deseo que de pronto profeso por ella?

 

La alcance justo en el elevador, y sólo éramos ella y yo en ese pequeño cuarto movible. Me dijo algo similar a buenas tardes yo sólo sonreí con coquetería. Ya había apretado ella el botón así que no hubo necesidad de yo hacer algo para dirigirme a su habitación, parecía como si me hubiese invitado, como si me incitará a desearla como lo hago.

 

Deje que saliera primero, fui detrás de ella. Frente a la puerta le toque el hombro de manera tan indigna, tan sucia que sentí pavor cuando volteara a verme. Lo hizo y sin asco, me hizo un par de preguntas y yo invente una historia tonta, siempre he sabido hablarle a la gente y ella a pesar a pesar de su perfección era una persona. También cayó. Me dejo entrar a su altar personal, eso era un altar. Hablamos durante horas, del amor, de la vida, de hombres de historias que yo no conozco, historias en las que yo jamás seré protagonista. Le dije quién yo era, no parecía importarle. Le dije Me gustas, parecía no escucharlo. La besé y su cuerpo se quedo recto sin expresión. Después vino el miedo. La besé de nuevo. Correspondió. Y acaricié su cuerpo de una forma tan lenta como jamás antes lo había hecho. Tan perfecta, tan pura, tan ángel. Le hice el amor, aún ahora, no sé porque me dejo hacerlo. Tal vez vio adoración en mis ojos, tal vez vio que si no lo hacia yo la mataría, tal vez ella lo sabía, tal vez vio lo que otros nunca antes han visto en estos ojos pesados y fríos, tal vez…

 

La vi dormir en esa cama con sedas, como una muñeca y pensé que era un desperdicio que ella envejeciera algún día. Me acerque, tomé la almohada la coloqué sobre su rostro y apreté fuerte. Sentí sus uñas, que antes me acariciaban, enterrarse en mis brazos. La sentí patalear, la sentí moverse y hasta pude sentir las vibraciones de sus gritos bajo la tela. Se detuvo. Me detuve. Al mover la almohada ajuste su expresión, le acomode los brazos, las piernas, le cerré los ojos. Ahí estaba ella, parecía dormida. Y parecía una diosa eterna. Yo no se de poemas ni de cosas hermosas, pero lo que había pasado en ese cuarto debía ser lo más hermoso que jamás había yo visto en mi vida. Lavé mi cuerpo y limpie la casa, no me gusta el desorden. Acomode todo con mucho cuidado, tomé el dinero.

 

Salí de ese cuarto y caminé por la ciudad. Llegue al departamento, Renata estaba ahí tan sexual e impulsiva. Estaba molesta por que no había llegado como le había prometido pero como te habrás dado cuenta no me acorde de ella en todo el día. La abrace y le dije Te quiero por primera vez y ahí me di cuenta que tal vez era eso lo que ese ángel vio en mí.

 

¿Será que puedo yo sentir amor?

 

 

Besitos

Eliza