Labios Compartidos


Y comparto tus labios…..

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El Diario de Eliza 15 Julio 2008


 

 

¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Un mes?

 

Debo confesar que todo este tiempo me alejé del mundo, dejé de comer, dejé de sonreír, deje de hablar, dejé de jugar, dejé de trabajar, dejé la vida cotidiana para concentrarme en una caja. Días y noches pasé con lagrimas con silencios, con respiros forzados y dolores en el estomago por el esfuerzo, leí libros de amores fallados, de separaciones, de reconciliaciones. Pasé días sin limpiar mi cuerpo, sin enfocar bien las imágenes que caprichosas intentaban entrar por la ventana semiabierta. Me deprimí, me deprimí como hace años que no lo hago y fue por ella, por esa mujer que no me quiere, no me ama, que no me desea y que sólo de mi ser se aferra para flotar de entre personas que la usan, que le llena su cuerpo de semen y le dejan billetes en la cama en lugar de flores, flores que yo corto para ella. Es por eso que no te había escrito, porque Renata se fue, salió corriendo de ese bar en la que le confesé que me estaba enamorando de ella. Si que recuerdo bien la escena, es como si fuese una repetición instantánea en televisión.  

 

Le invité una copa y nerviosa le tomé la mano, le dije que yo siempre estaría ahí para cuidarla y protegerla, me dijo eres mi mejor amiga, deposité un pequeño beso en su mejilla izquierda y así sin alejarme de ella susurré me estoy enamorando de ti, hubo silencio momentáneo y  de pronto una sonora carcajada. Al observar mis ojos supo que no era una broma, sin embargo, continuo la risa.

 

Así salió ella del lugar, diciéndome por último que ella me buscaría después, llevo 3 meses esperando una llamada, una señal que me diga que tal vez yo signifique algo. No la he buscado pero sí la he visto por la calle aceptando los coqueteos de hombres que caminan, y del amor que de pronto comencé a sentir ahora como un profundo enojo, enojo que me invade y te cuento esto porque no tengo a nadie más para confesarme, la verdad es que la odio, la odio como se puede odiar a quién una vez fue tu amante. La veo burlarse de mí con cada hombre con quién acepta acostarse, así que hace unos días al llenar mi corazón de enojo decidí limpiar mi cuerpo, vestirlo y alimentarlo, me he levantando con kilos menos, con brazos menos firmes y con mirada más fría. Está noche me he vestido con pantalones de piel y una blusa negra de seda, llevo tacones y sin alhajas, sólo un anillo que llevo desde que huí de casa. Hoy iré a verla, se dónde encontrarla. Ya te contaré mañana como me ha ido, y no debo olvidar que antes de irme debo llevarme una bolsa de noche, y en ella. Un cuchillo.

 

Eliza