Censurada


Desnudarte, besarte, acariciarte, abrazarte, lamerte, morderte, penetrarte. No se como describir lo que sucede ni lo entiendo. Tal vez se ha vuelto extraño mirarte mientras duermes, en esa cama de algodón.Está allí­, con seda en tu cuerpo, con ojos cerrados, con tu cabello castaño. Respirando. Me acerco a ti, toco la punta de tus pies con delicadeza y exquisita paciencia. Con los dedos voy recorriendo primero tu pie, luego tu tobillo, tu rodilla y me detengo en tu muslo. Te siento reaccionar bajo la palma. Con cí­rculos torpes te acaricio.
Me inclino para besarte, pero tus labios demandan admiración, así­ que sólo bebo tu respiración sobre mi boca, y no puedo evitarlo. Lamo tus labios. Despiertas. Precipitadamente me aparto la pared me detiene.

Tus ojos negros me observan desde la cama, te levantas con elegancia y esa seda que te decora se resbala de tus hombros, de tus senos, de tus caderas. Y Respiro, respiro como un huracán

Caminas hacia mí­, elegante, coqueta, segura y erótica. Tus dedos recorren mi quijada contraída, tu desnudes me perturba. Lo sabes. Reposas besos suaves sobre mi hombro y me aferro a la pared inútilmente. Con tus manos deslizas mi camisa lejos de mí.

Continuas besando mi hombro, ahora mi cuello y respiras sobre mis senos, que reaccionan, que se endurecen, que su piel se eriza que reclaman con un tono rosa atención por parte de tu boca. Y así­ lo haces, depositas besos y lames, y cierro los ojos, abro la boca.

Deslizas mi falda, deslizas cada ropa de mí hasta dejarme desnuda. Te alejas dos pasos y me contemplas. Con lujuria, con cariño, con soberbia, con amor. Me siento pequeña. Sientes mi inseguridad y me amarras por la cintura con tus brazos y me besas. Un beso que me desmantela.

Muerdes mi labio, muerdo tu labio. Lames mi lengua, penetras mi boca, acaricias mi espalda, me arañas la espalda, arañas mis nalgas, arañas mis muslos. Y Yo gimo, y no se hablar.

Lames mi cuello, acaricias mis senos. Lames mi oreja, acaricias mi cabello.

“Te deseo” deslizas sobre mi oreja la punta de tu lengua. Vuelvo a gemir impaciencia.

Te sientas en la cama y me arrodillo frente a ti, besándote, amándote. Bebo tu sudor, muerdo tus senos, mordidas sin dolor. Lamo tu abdomen, tu ombligo, tus muslos. Abres las piernas, y veo su centro. Y no se que hacer, te miro confusa. Sonríes y acaricias mi boca, lamo tu dedo.

“Deséame” me ruegas.

Y con timidez te beso, y percibo un sabor diferente, y comienzo a lamer con cuidado y percibo un temblor. Y abro la boca, y te beso completamente, y te lamo completamente y el sabor toma forma, y el néctar recorre mi garganta. Y me inflamo con pensamientos de adoración hacia ti. ¿A qué sabe el amor? ¿A que sabe el placer? ¿Cuál es tu sabor?

No se decir bien, sólo se decir que de ti comencé a beber ambrosia, delicada, censurada y placentera. Tus manos tomaron mi cabello, se enredan en él. Me reclamas impaciencia, me exiges velocidad y yo no te defraudo, sentirte temblar, sentirte sudar, oí­rte gritar, me excita. Me debilita y fortalece, te vuelve necesaria, me vuelve acelerada.

Y penetro de ti tu feminidad, y te absorbo, y recorro texturas aún más suaves que la seda. Y Gritas, abrazo tus caderas. Y te siento en la cima, con el cuerpo combustión. Y Explotas, te sostengo. Me abrazas como si fuese tu ancla, y te recuestas. Yo sobre ti te susurro palabras de amor, besos tímidos.

Te siento recorrerme nuevamente, y rí­es con picardí­a. Y te vuelves sobre mí, y amarras mis brazos en la cabecera. Una vez presa de ti, recorres cada poro de mi piel con tu boca, manos. Y acaricias con tu seno mi abdomen, y lames tus dedos. Lamo tus dedos.

“Te amo” me gritas. Y te siento dentro de mí­, con dedos hábiles se contrae mi mundo, se eriza mi piel, mis senos, mi boca. Y muerdes mis labios y usas tu mano para continuar recorriendo mi intimidad. Uno, Dos, tres dedos inquietos, unos dientes salvajes, una lengua ardiente.

Grito tu nombre varias veces, te grito te amo, te grito detente, te grito por favor, te grito continua. Y me convulsiono, y me sostienes. Descansas sobre mí. Me liberas y te abrazo.

Y miro el techo, y miro tu rostro descansado sobre mi seno. Y beso tu cabello.

Cerrando los ojos me dejo llevar por el momento. Uno de esos en que se te va el aliento.
 

 

 

Anuncios